EDITORIAL | Luces de falsedad sobre el abismo de tortura

EDITORIAL. En la Venezuela de Nicolás Maduro, la Navidad no llega con villancicos ni hallacas compartidas, sino por decreto. Esta vez, con una burla que estremeció a Caracas: fuegos artificiales lanzados desde El Helicoide, el centro de tortura más denunciado de América Latina, según Amnistía Internacional, Human Rights Watch y la ONU.

El 1 de octubre, mientras el cielo se iluminaba, cientos de presos políticos permanecían en aislamiento, sometidos a golpizas, abusos sexuales, descargas eléctricas y un terror psicológico que no conoce calendario.

El Helicoide, inaugurado en los años 50 como centro comercial y luego expropiado en 1970, es hoy bastión del SEBIN. Allí han pasado líderes opositores como Leopoldo López y los detenidos del 28 de julio, castigados por reclamar un voto que el régimen robó.

La ONU documenta 838 presos políticos, víctimas de tratos crueles que violan convenios internacionales. Iluminar ese lugar con cohetes no lo redime, lo profana: es danzar sobre tumbas abiertas.

Con un país hundido en hiperinflación, escasez y migración de 8 millones de venezolanos, Maduro apuesta a decretar una “Navidad anticipada” como circo de poder. Pero el fuego artificial se extingue en segundos; la represión arde durante años.

Venezuela merece una Navidad verdadera, no esta parodia siniestra.

EVCR

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