¡Gloria al bravo pueblo!, por Fernando Berrocal

La quirúrgica operación militar del presidente Trump y los Estados Unidos, es jurídicamente una violación al Derecho Internacional. La razón fríamente expresada: las inmensas y poderosas reservas petroleras y no, necesariamente, la libertad y la democracia en Venezuela.

Nicolas Maduro fue, hasta su captura, un gobernante fraudulento y ese régimen dictatorial e ilegitimo sigue siendo, mientras lo controlen Delcy y Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello y Padrino López, una brutal dictadura del Cartel de los Soles y un grupúsculo de militares ladrones y narcotraficantes que transformaron la Venezuela libe y democrática del pasado, en una represiva e inmensa cárcel y una auténtica tragedia humanitaria para nueve millones de exilados y refugiados, en una diáspora histórica y violatoria al Derecho Internacional Humanitario.

Dos realidades que, por igual, violan la Carta de las Naciones Unidas.

Trabajé seis años en Caracas, como Secretario General Adjunto del Sistema Económico Latinoamericano (SELA), en una Venezuela libre y democrática que era faro, luz y líder de las esperanzas y mejores expectativas de América Latina y en que miles de exilados y refugiados venían de más al sur, perseguidos por las criminales y brutales dictaduras militares de Chile, Paraguay y Argentina.

Dos hechos para estar claros:

1.- Aquella Venezuela, compartía solidaria y fraternalmente su inmensa riqueza petrolera y financiaba proyectos vitales en los países de Centro América y el Caribe, como todos los puentes de la carretera entre San José y Puntarenas.

2.- En los gobiernos de Rodrigo Carazo y Luis Alberto Monge, esa misma Venezuela envió aviones artillados de alto poder militar y firmes advertencias a Managua, para defender la soberanía de Costa Rica, amenazada primero por Somoza y, después, por el régimen sandinista que, por órdenes de Fidel Castro y Cuba, pretendía cruzar con tropas armadas el río San Juan y hacer explotar geopolíticamente, en medio de la Guerra Fría, el conflicto guerrillero y militar de Centro América.

Los costarricenses, tenemos una deuda de honor y gratitud eterna con los expresidentes Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera y Jaime Lusinchi, social demócratas y social cristianos, cuya lealtad y hermandad fue absoluta, total e incondicional en aquellas dos encrucijadas históricas de Costa Rica.

Hermandad y lealtad que hoy debemos corresponder y apoyar firmemente, del lado de la democracia y la libertad de Venezuela y en contra de esa oprobiosa dictadura, entonando solidariamente el ¡Gloria al bravo pueblo!

¡Todo lo demás… está todavía por verse!

De lo que sí estoy seguro es que la libertad y la democracia, en Venezuela, tiene nombre de mujer y que esa mujer extraordinaria y amiga se llama María Corina Machado, símbolo de la resistencia, valentía y coraje de ese pueblo hermano.

Por Fernando Berrocal, exministro costarricense de Seguridad, durante el gobierno de Óscar Arias

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