Chile celebra este domingo unas elecciones presidenciales decisivas, en un clima de polarización, miedo al crimen organizado y preocupación por el aumento de la inmigración. Cuatro años después del triunfo del progresista Gabriel Boric, el país llega a las urnas con un electorado dividido y bajo el estreno del voto obligatorio, que añade un alto nivel de incertidumbre.
Una campaña dominada por la “mano dura”
El debate público se ha centrado en propuestas severas contra la delincuencia.
- Evelyn Matthei promete que los narcotraficantes terminarán “en la cárcel o en el cementerio”.
- Franco Parisi plantea “bala o cárcel” para frenar lo que califica como “narcoterrorismo”.
Más de 15,6 millones de chilenos están llamados a votar para renovar la Presidencia, toda la Cámara de Diputados y casi la mitad del Senado, en una jornada clave para el futuro político del país.
Tres candidatos, tres caminos opuestos
Los principales aspirantes encarnan visiones profundamente distintas:
- José Antonio Kast (Republicano, 59 años): en su tercer intento presidencial, suaviza sus posturas más divisivas para enfocarse en seguridad y migración ilegal.
- Jeannette Jara (PC, 51 años): exministra de Boric, promete mejores pensiones, rebaja de tarifas eléctricas y un impulso masivo a la construcción de viviendas.
- Johannes Kaiser (49 años): excomentarista de YouTube, contrario al aborto y crítico de la vacunación, ofrece retirar a Chile de acuerdos climáticos y de la Corte Interamericana.
Voto obligatorio: el gran factor inesperado
La elección está marcada por el regreso del voto obligatorio, vigente desde 2023, que podría movilizar a millones de personas que antes no participaban. Para analistas locales, este factor convierte el resultado en altamente impredecible.
Chile llega a las urnas dividido y bajo la presión de temas que han reconfigurado el tablero político: delincuencia, migración y desconfianza institucional.
Reseña AP.



