Los precios de la energía podrían aumentar un 24 % este año, alcanzando su nivel más alto desde 2022, como consecuencia del impacto de la guerra en Oriente Medio sobre los mercados globales de materias primas, según el informe Perspectivas de los Mercados de Materias Primas del Grupo Banco Mundial.
El organismo proyecta que, en general, los precios de las materias primas subirán un 16 % en 2026, impulsados por el encarecimiento de la energía, fertilizantes y metales estratégicos, lo que podría presionar la inflación y frenar el crecimiento económico mundial.
El informe advierte que los ataques a infraestructuras energéticas y las interrupciones en el estrecho de Ormuz —por donde transita cerca del 35 % del petróleo mundial— han generado una de las mayores tensiones de suministro en el mercado energético reciente, con caídas iniciales de hasta 10 millones de barriles diarios.
En este escenario, el precio del petróleo Brent podría promediar 86 dólares por barril en 2026, frente a los 69 dólares de 2025, mientras que los fertilizantes subirían alrededor de un 31 %, afectando la producción agrícola y elevando el riesgo de inseguridad alimentaria.
El Banco Mundial estima que hasta 45 millones de personas adicionales podrían enfrentar inseguridad alimentaria aguda si el conflicto se prolonga, debido al aumento de precios de alimentos y combustibles.
Asimismo, se prevé un incremento en los precios de metales clave como aluminio, cobre y estaño, impulsados por la demanda industrial, mientras que los metales preciosos continuarían en niveles récord por la incertidumbre geopolítica.
En las economías en desarrollo, la inflación podría situarse en torno al 5,1 % en 2026, mientras el crecimiento económico se desaceleraría hasta 3,6 %, según las proyecciones del organismo.
El informe advierte que un agravamiento del conflicto podría llevar el petróleo a 115 dólares por barril, intensificando la presión inflacionaria global.
El economista jefe del Banco Mundial, Indermit Gill, advirtió que “la guerra está afectando a la economía global en oleadas acumulativas”, afectando especialmente a los países más pobres y altamente endeudados.
Por su parte, Ayhan Kose señaló que los gobiernos deben evitar políticas fiscales amplias sin focalización, recomendando medidas temporales dirigidas a los sectores más vulnerables.
El Banco Mundial concluye que la volatilidad actual de los mercados energéticos duplica la registrada en períodos de estabilidad, lo que incrementa el riesgo para la economía global y la seguridad alimentaria.



